Conferencia Homeopatica


HUMANISMO Y ÉTICA DEl MÉDICO
O TERAPEUTA HOMEÓPATA

Página 10/11

Autor: Lic. NORMA SANCHEZ AGUILERA - Cursante de Homeópatía
México

 

considerárseles enemigos públicos”. Ignoro qué fue lo que le sucedió a James, pero seguramente le vendieron Viagra made in China”.
    Solicitar que los medios de publicación sean éticos es inútil. Ese estatus es aprovechado y fomentado por las industrias farmacéuticas. Se calcula que los estadounidenses dedican tres años de su vida en ver anuncios de televisión. La mayor sociedad de consumo del mundo radica en Estados Unidos. Tienen una afición patológica por los mass media y no dudo que la mayoría sean acríticos. Todo un manjar para los publicistas y para la industria.
     Bien saben las farmacéuticas que el consumo genera màs consumo y que la felicidad nunca es suficiente: Vender píldoras que mejoren la vida, fármacos que despierten el deseo sexual o químicos que ahuyenten la mortalidad es leitmotiv de muchas de ellas y base para seguir urdiendo enfermedades. Quisiera pensar que las compañías actúan de buena fe y pretenden disminuir el sufrimiento, pero creo sobre todo que las que publicitan sus acciones en la televisión no siempre diseñan píldoras que contengan una dosis de ciencia y otra de ética. Estoy seguro de que las compañías farmacéuticas que venden parches de testorerona para estimular el deseo sexual en las mujeres o para paliar la disfunción sexual femenina, no se preocupen demasiado ni por la mujer ni por lo que sucede en la pareja. Piensan en sus cuentas bancarias, soslayan la mediocridad de sus experimentos y, quizás, ni siquiera saben que disfunción sexual femenina es una entidad mal definida y no avalada por muchos médicos expertos.
    Medicalizar la sexualidad ha sido uno de  sus grandes éxitos y generar dependencias farmacológicas, inmenso logro. Es tal su poder de penetración que la idea de crear una Viagra rosa para las mujeres ocupó muchas planas en 1998, año en que se aprobó el uso de la droga mencionada en hombres.
     Las farmacéuticas fomentan sus ventas por medio de otras vías. Sugieren que todo síntoma, aunque sea poco trascendental, requiere tratamiento; genera ansiedad en torno a la salud, redefinen e inventan enfermedades; introducen nuevos diagnósticos como la disfunción sexual femenina, y explotan a su gusto las estadísticas tan en boga en la sociedad contemporánea. Este último punto me recuerda el viejo chiste de la investigación biomédica que explica los resultados del ensayo de un nuevo fármaco en ratones: El 33 por ciento se curó, el 33 por ciento murió y el tercer ratón se escapó.

Crear necesidades es uno de los eslóganes no publicitados de la industria farmacéutica. Ofrecer a la sociedad y al enfermo los instrumentos necesarios para que comprendan los límites de la vida y de la farmacología es obligación de los doctores.  Para poder decir lo que piensan, los médicos deben tener vínculos sanos con la industria, aunque éstos sean también económicos.

Mis ideas no minimizan las bonanzas ofrecidas por los medicamentos, no subestiman la inteligencia de los investigadores y no ignoran las soluciones a

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11